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¡No a la guerra y a las ocupaciones! ¡Tropas fuera de Afganistán!

Versió catalana

¿Qué hacen las tropas extranjeras en Afganistán? ¿Realmente se trata de una operación humanitaria?

Nos dijeron que invadieron Afganistán para acabar con el terrorismo. Pero la intervención sólo ha producido más odio y ha aumentado el riesgo de nuevos atentados.

Luego dijeron que iban a llevar la democracia a Afganistán. En realidad, han instalado a un antiguo empleado de la petrolera estadounidense UNOCAL y ex confidente de la CIA —Hamid Karzai— como Presidente, y a antiguos señores de la guerra como ministros.

Quizá la mentira más cínica fuese que iban a liberar a las mujeres afganas. Con la ocupación, a la opresión que han sufrido históricamente y continúan sufriendo las afganas, se ha añadido la posibilidad de perder su vida, o la de sus seres queridos, en un bombardeo aéreo.

Los motivos reales de la guerra

La “guerra contra el terror” y la invasión de Afganistán nada tienen que ver con la democracia y la libertad, pero sí con los intereses de las grandes potencias. El pueblo afgano tiene la mala suerte de vivir en una zona de gran importancia geoestratégica, fronteriza con Irán, China, Pakistán, y cerca de los importantes yacimientos energéticos del Mar Caspio. Tras los terribles atentados del 11-S, los dirigentes de EEUU vieron la oportunidad de imponerse en la región.

La OTAN —una alianza militar cuya supuesta razón de existir, el bloque del Este, desapareció hace casi dos décadas— ha aprovechado la ocasión para reciclarse en policía mundial. La alianza entera, incluyendo a los países europeos, ha adoptado la doctrina estadounidense de guerra preventiva. La ocupación de Afganistán se ha convertido en la prueba del algodón de la “nueva OTAN” ; del éxito de esta operación dependerá la capacidad de la Alianza para imponerse como el brazo armado de EEUU y de la Unión Europea.

Y no olvidemos la sombra de Guantánamo. La guerra contra el terror ha producido un enorme retroceso en los derechos humanos en todo el planeta, dando a los gobiernos una coartada para criminalizar expresiones de oposición al sistema que nada tienen que ver con el terrorismo.

La participación española

El gobierno mantiene que las tropas españolas no forman parte de la ocupación, sino que trabajan en la reconstrucción. Pero el propio Secretario General de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, rechaza cualquier separación entre reconstrucción y guerra, declarando que “Afganistán es un solo país. Es un solo teatro estratégico para la OTAN”. También según la OTAN, la función de los PRT —los equipos de reconstrucción en los que trabajan los soldados españoles— es la de “extender la autoridad del Gobierno central” ; es decir, fortalecer al gobierno impuesto por la ocupación.

La presencia española en Afganistán forma parte de un cuadro preocupante:

  • El Estado español ha votado repetidamente en la ONU para legitimar la ocupación de Irak.
  • Las bases militares de EEUU en el Estado español siguen sirviendo de escala en los vuelos ilegales de la CIA, y ahora se plantea la construcción de una nueva base, en Zaragoza.
  • El gobierno español mantiene su apoyo al gobierno israelí —que continúa cometiendo crímenes de guerra contra el pueblo palestino— mientras boicotea al gobierno democráticamente elegido por los palestinos.
  • Tras la guerra de Israel contra Líbano en 2006, las tropas españolas vigilan no al agresor, sino a la víctima de guerra, bajo una resolución que exige el desarme no de los atacantes, sino de la resistencia.
  • Durante el mandato del Gobierno de Zapatero, tanto el gasto militar como el comercio de armas del Estado español se han disparado.
  • La nueva ministra de Defensa ha declarado “obsoleto” el límite de 3.000 soldados españoles destinados al exterior, abriendo así el camino a aún más intervenciones militares.

Es evidente que el gobierno de Zapatero se ha alejado mucho del sentimiento popular antiguerra que le aupó al poder en 2004. Actualmente, más de la mitad de la población ve como negativa la presencia de tropas españolas en Afganistán, y pide su retirada.

¿Cuál es la solución?

Tras casi 7 años de ocupación, han muerto decenas de miles de civiles en Afganistán —no hay cifras fiables del total— y millones de afganos siguen siendo refugiados. El país está en una situación terrible, que no tiene posibilidad de mejorar, sin el fin de la guerra y la ocupación.

La retirada de las fuerzas españolas de Irak —fruto de las masivas protestas antiguerra de 2003— fue un paso importante, y motivó a otros muchos países a salir de aquella guerra ilegal. Los mismos argumentos se aplican a este caso: se trata de una guerra ilegal e ilegítima que persigue un interés estratégico en detrimento del bienestar de la población.

Frente a las continuas referencias a la guerra que podría surgir como consecuencia de la retirada de las tropas extranjeras, cabe insistir en que es ahora cuando el país se encuentra en guerra. El Gobierno español, una vez retirados los soldados, podría limitar sobremanera la capacidad destructiva de los grupos armados exigiendo a los numerosos países y grupos afines que apoyaban o apoyan a estos grupos —sin padrinos su impacto es mínimo— que cesen sus prácticas de financiación económica y militar.

Existen otros motivos urgentes para una salida de las tropas españolas.

Barack Obama, probablemente el próximo presidente de EEUU, propone intensificar la guerra en Afganistán, lo que sólo empeorará la situación.

Hasta la fecha, el Estado español ha gastado más de 1.100 millones de euros en la invasión y ocupación de Afganistán. Ante la actual crisis económica, la retirada de las tropas de Afganistán —idealmente como parte de una reducción global en el gasto militar— liberaría recursos para invertir en servicios públicos y empleo.

Esto no debe significar abandonar al pueblo afgano. Su país necesita la reconstrucción, pero el Secretario General de la OTAN ya dijo que ese “no es un trabajo para la OTAN. Ese no es trabajo de un soldado”. Se reconstruiría el país mejor —y con menor coste económico y en vidas humanas— terminando la ocupación y apoyando programas civiles impulsados por los propios afganos. Actualmente, entorno al 99% del gasto español en el país se destina al ejército.

Exigimos la retirada inmediata de las tropas españolas de Afganistán, y que no se las envíen a otra misión en el exterior, sino que sea el primer paso en el replanteamiento de la política militar del Estado.

Por este motivo, movimientos sociales de diversas partes del Estado español —respondiendo a la llamada de una reunión estatal de activistas antiguerra, el 28 de junio en Madrid— organizarán, durante octubre y noviembre de 2008, una campaña informativa para explicar la necesidad de la retirada de tropas de Afganistán, culminando en un día de movilización a favor de esta demanda, el sábado, 22 de noviembre.

Plataforma Aturem la Guerra, 30 de julio de 2008

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